martes 26 de enero de 2010

La eyaculación del paisano
Vale decir,
en el furor de mi hambre, en la furia de mi jet set
en esa jeta que se hiera con la paja de la palabra
en la miseria de la máscara de mi Generación.
¿Quién aspiró la última raya del pizarrón,
la última sílaba?
Y rayo la última tela,
y sufro por el último crayón del que omitió,
el homicida.
¿Y si morimos,
y si morimos en la ruta
por la muerte de un mirar,
por el polvo en suspensión,
por el animal suelto?
¿Y si matamos el chivo y
abandonamos el I-Chin?
Y mi canchita ancha para los partidos
los homenajes, los nomadismos.
Cada palabra desata un tutor una hondura
una razzia, su propio corso policial.
(Tengo la zona militarizada.
Los espero donde termina mi Derecho
y empieza la “democracia”).

sábado 16 de enero de 2010

Fusilamiento de Torrijos en Málaga, Antonio Gisbert, 1888.


martes 12 de enero de 2010

El regalo de la mujer que amé, que seguiré amando...

no estàn muertos los pàjaros
de nuestros besos/
estàn muertos los besos/
los pàjaros vuelan en el verde olvidar/
pondrè mi espanto lejos/
debajo del pasado/
que arde callado como el sol/

Juan Gelman.

lunes 11 de enero de 2010

Un hombre una mujer

¿Qué hombre podrá salvarme de este sol?

Y la pregunta matará la belleza.
Sé que estoy llorando.
Voy a llorar desde Trelew a Playa Unión.
Llorar mi soledad mi población
la última mujer
mis rayuelas con su deseo.

Pero proseguir
sin regresar al Proceso Amoroso, a su fácil gatillo.
El amor como un arma cargada en la garganta,
así ando, así me escondo.

¿Y en qué infancia de mi cuerpo ubicar el amor?
Pero no, este amor por el hombre no me atará nunca a la cama.
Mi cama está poblada de muertos, de hambre, de judíos.
Mi cama en exceso, me sobra.
Y es lamentable lamerse solo bajo este terrible cielo.

Todo
(y tomo cualquier parte)
funda un nuevo concepto de muerte,
una poesía mal escrita, un niño recién nacido.

jueves 31 de diciembre de 2009

El regalo de la señorita Stieben

Continuidad de una misma combustión
que mueve, mezcla y enlaza
poesía, crimen y hambre.

Joaquín Gianuzzi

miércoles 2 de diciembre de 2009

Fragmentos

Pero el odio persiste.
Todas las noches aparece María en mi casa para golpearme. Me golpea porque ya no la quiero. Yo dejo que lo haga, porque entonces el odio hacia ella aumenta, se resignifica con cada golpe, con cada tajo. Opongo mi cuerpo apocado contra el muro; mi cuerpo débil abandonado a cualquier matanza. Ella imprime frases con una pluma inglesa sobre el. Frases tales como "murieron los dos por la misma araña; años hacía que se hubieran vuelto en contra". Y mi piel arde y sangra por los adagios de una pluma incisiva. Luego me ata a una retama de flores amarillas y me galopa, me retuerce, me muda, me habita, me enloquece hasta el último logos, me arrastra por las muticias, me asesina y cuando me resucita me deja solo frente a un espejo. Y yo me quedo horas frente a él leyendo los signos que ella ha depositado sobre mí.
Hace dos noches que no aparece. Pero todavía quedan los trazos de su lenguaje. Todavía subsiste el virus, de sus palabras que me enferman, pero que morirán conmigo.

lunes 9 de noviembre de 2009

Todo es culpa del analista

Pronto dejaré de hablar, y no
por propia voluntad.
Algo de mí dejo huir todos los días.
Estoy cada vez más enfermo, más idiota, más solo.
Ya no tengo pan para alimentar a nadie.
Lo que me queda es una descarga de muerte
mínima, ocasional que atesoro
como la mariposa más vieja en el frasco.
Muerte para vigilar de lejos y
con otros ojos que no fueran los míos.
Muerte que no causa víctima ni vocabulario.
Lo que hasta acá dije,
el último logos del manicomio el último elogio.
Todo es culpa del analista
todo lo que pasa por esta boca muere.
Vivir en lo malévolo del signo, de cualquier término.
La palabra justa nunca llega,
porque cada término se ha vuelto una cárcel.
Yo caí bajo la libertad,
vejado por la bandera,
sin otra guerra que este sometimiento
para no perder el lazo
sin otro desierto que estas páginas
para la afasia de los otros.


Jorge A. Romero